sábado, 3 de noviembre de 2012

Si buscamos bien al fondo, nos encontramos a nosotros mismos enamorados de la tragedia romántica que nos envuelve día a día. El ir y venir, el vértigo de la noche y la euforia del día, no nos aferramos a la persona que respira nuestras lagr
imas y recoge el sudor de nuestra frente, nos enamoramos del contenido que explota frente a nosotros de diversas formas y los más rebuscados colores. Añoramos la crudeza de los momentos y cuando la estabilidad nos convoca, preferimos caminar hacia el caos de sentir el amor más contradictorio y absurdo, todo sea por relatarnos a nosotros mismos el mismo cuento antes de dormir y que esperamos nunca termine.

2 comentarios:

José Alejandro Pérez Hofmann dijo...

Un punto positivo, nos enamoramos de el dulce, no del envoltorio, opino tal cual tu piensas...

klhaaau'boo dijo...

a veces el envoltorio igual importa x)